jueves, 23 de agosto de 2007

LAS REPARACIONES COLECTIVAS Y EL ROL DEL GOBIERNO REGIONAL


Hace unas semanas atrás el Premier Jorge del Castillo anunció el inicio del Plan de reparaciones colectivas para las víctimas de la violencia política que azotó nuestro país entre los años 1980-2000. De las 440 comunidades a nivel nacional que fueron priorizadas en base a los Censos por la Paz, se encuentran 05 de San Martín: Yumbatos, Alianza, Pachiza, Nuevo Horizonte y La Victoria. Según el Secretario Técnico de la CMAN Jesús Aliaga serán las municipalidades distritales las que ejecuten el presupuesto que para este año ascendente a 45 millones de soles. En cada comunidad se ejecutarán proyectos de inversión no mayor de 100,000 nuevos soles.

Según el abogado de Paz y Esperanza, Sergio Verástegui, “la asignación de S/. 100 000 a las 440 comunidades del país no ha seguido los criterios de salvaguarda que la propia legislación de la materia establece”. En efecto, si revisamos el artículo 28º del Reglamento de la Ley del PIR, vemos que la CMAN debe coordinar con los sectores: agricultura, salud, educación y mujer, al momento de intervenir en una comunidad para asignar reparaciones colectivas. Y, si nos detenemos en el no menos olvidado artículo 58º de la misma norma, encontramos que la CMAN , en coordinación con los gobiernos locales y regionales, “realizará consultas con las poblaciones afectadas sobre las modalidades de reparación colectiva que deberán ser implementadas, para posteriormente coordinar con los Ministerios involucrados las medidas a tomar para alcanzar los objetivos de dicho Programa”. Creo que no queda mucho que decir, el procedimiento es clarísimo.

En tal sentido, la consulta a las poblaciones priorizadas es una tarea que el gobierno regional debe asumir. Hay que viajar a las comunidades afectadas y preguntarles qué quieren como reparación o qué los haría sentirse reparados. Y esto se puede hacer por asambleas comunales o audiencias abiertas. Por otro lado, el gobierno regional tiene que capacitar a las autoridades locales en la formulación y gestión de proyectos de reparación para que el dinero no termine perdiéndose en otras necesidades que no tienen nada que ver con reparaciones.

Finalmente, el gobierno regional debe invitar a la CMAN a que informe ante el Consejo Regional de Familiares Víctimas de la Violencia Política sobre los avances en materia de reparaciones colectivas, el Registro Único de Víctimas, las acreditaciones que se vienen otorgando para la atención en el SIS, entre otros temas.

MAMA ANTONIA HA MUERTO

Su nombre es Antonia Zaga pero es conocida por sus compañeras de COFADER como mamá Antonia. Ella es una de las miles de mujeres que fueron afectadas por el conflicto armado interno que hoy forman el grueso número de desplazadas que pueblan las zonas altas de San Juan de Lurigancho. Su esposo, un comerciante de juegos infantiles, fue desaparecido por agentes militares en el año 1984 cuando se encontraba en una feria de Tambo (La Mar, Ayacucho) ofreciendo su mercadería. Desde esa fecha no sabe nada de él.

Antonia buscó a su esposo en diferentes dependencias judiciales, policiales, militares y acudió a cuanto lugar le dijeron que podía encontrarlo. Perdió la esperanza de encontrarlo vivo pero nunca renunció a encontrar su cuerpo y descifrar en él lo que le había sucedido. Lo buscó entre montones de cadáveres intentando hallar una señal que revelara la verdad de los hechos.

Por su insistencia de verdad y justicia fue amenazada de muerte por lo que tuvo que huir de Huanta y refugiarse en Lima. Con sus 06 hijos se estableció en el AAHH José Carlos Mariategui, un poblado que recién comenzaba a invadirse. Por esos días, Mariategui no contaba con alumbrado eléctrico ni tenía servicios de agua potable. Sus pobladores tuvieron que unirse para conseguir los servicios básicos que ahora tienen. Junto con otras mujeres desplazadas se organizaron para atender la alimentación y educación de sus hijos e hijas lo que redundó en beneficio de otras mujeres y otras viudas como ella.

Antonia Zaga supo mantener el buen ánimo a pesar de la tremenda angustia que significaba ser serrana, ayacuchana y tener “problemas” con la justicia. En medio de su intensa búsqueda, supo impulsar a Mariategui hacia el desarrollo, lo mismo que ayudar a sus hijos en sus tareas escolares. Supo detenerse para orar y mantener viva la fe en medio de la indiferencia, la soledad, la marginación y la pobreza. Se dio tiempo para consolar y aconsejar a otras mujeres más jóvenes que ella e infundir ánimo cuando la desesperanza rondaba el corazón de sus compañeras. Sin darse cuenta, dejó de llamarse Antonia Zaga y pasó ser conocida y querida como mamá Antonia. Ella es, junto a mamá Angélica, ejemplo de valor, coraje y espiritualidad.

Hace más de un año que la enfermedad le fue ganando la batalla. A causa de la diabetes fue perdiendo la visión y sufría de insuficiencia renal. No podía caminar y quedó postrada en cama. Le sobraba tiempo para orar. Para salvarle la vida, los médicos recomendaron practicarle una diálisis, (aun que no aseguraron que su salud mejoraría). Por falta de recursos económicos su salud empeoró y se le fue apagando la vida. Quieta y silenciosamente se fue convirtiendo en parte de las estadísticas.

El 14 de Junio de 2005, a las 2:55 de la tarde, mamá Antonia nos dejó para siempre. No la mató la enfermedad física sino la enfermedad social. No murió por la diabetes como creen algunos, murió por la indiferencia “de quienes pudiendo impedir esta tragedia…no lo hicieron”. Murió, como vienen muriendo muchos inocentes producto de esta guerra fratricida: en el olvido, el abandono, la soledad. Esta muerte no puede significar casi nada para quienes, si la que muere, es pobre, mujer y serrana.

73 años vivió entre nosotros; 21 de ellos los vivió perseguida por la sombra del terror, con imágenes imborrables del horror, que le produjeron una angustia insufrible. Ninguna persona, por más fuerte que aparente ser, puede soportar tanta tensión y acumular tanta pena sin ser atendido en su salud mental.

Mamá Antonia ha muerto y sus últimas palabras fueron: “te encargo a mis hijos; no abandones la lucha, sigue buscando a mi esposo”.